En Rivera Garden os hemos hablado más veces del clavel, o de algunas variedades, pero hoy nos apetece contaros más cosas acerca de esta flor tan célebre. Sobre todo, tan conocida para mucha gente en Chipiona. ¿Qué podemos decir del clavel, buque insignia de la industria de la flor cortada durante tantos años en nuestra tierra? Vamos a probar por qué es una planta fascinante.

Variedades

Ya hablamos una vez del tagete, la flor de la “cálida belleza”, el clavelón exótico que es quizá la expresión mayor del clavel. Pero en realidad el clavel, en sí mismo, es una flor mucho más esbelta y fina.

Conocido como Dianthus caryophyllus en el argot botánico, de la familia de las cariofiláceas, florece prácticamente durante todo el año, aunque en su versión silvestre original florecía entre la primeravera y el verano, y su variedad más popular, más comercial también, es el fruto, como todas las variedades célebres que se hacen mundialmente famosas, de una hibridación muy controlada. De este modo, los colores más demandados son el rojo, el rosa, el blanco, el salmón y las distintas tonalidades del amarillo.

Su nombre botánico o técnico procede del griego, y significa, más o menos, “la flor de Dios”. No obstante, la palabra clavel procede del catalán. De clavel deriva, naturalmente, clavelina, o mini-clavel: el hermano menor que junto con el clavel hizo de Chipiona un nombre propio y brillante en el mercado mundial de la flor cortada.

Origen

El clavel es bien conocido desde la Antigüedad clásica, debido a su origen euroasiático, siempre en el camino de todas las rutas comerciales que conectaban el Mediterráneo con el Cáucaso y el Asia central. Dice la leyenda que Carlos I de España y V de Alemania, el gran emperador, mandó alfombrar los jardines de la Alhambra con claveles rojos: era la flor favorita de su reina, Isabel de Portugal.

Era ya, desde la Edad Media, una flor muy cultivada en el sur de España, y desde entonces se vinculó simbólicamente con el culto religioso y festivo, con el folclore de las regiones mediterráneas y, en general, con lo exótico y lo magnético del sur de Europa.

En 1974, el clavel rojo se convirtió en el símbolo de la revolución política que cambió el sistema de gobierno de Portugal.

Cultivo

Hoy día su producción está extendida desde Sudamérica, particularmente Colombia y Ecuador, hasta Israel, además, claro, de España. Sus tallos pueden llegar a alcanzar los 80 centímetros de altura y hasta los 20 de diámetro.

Su cultivo requiere suelos húmedos y bien encharcados, ricos en materia orgánica y también bien drenados. Sus temporadas pueden alargarse hasta los dos y tres años, y se multiplican mediante el acodo y el esqueje. ¡No deben medir más de 10 centímetros! Estos esquejes, cuidados dentro de un invernadero a una temperatura estable de 20 grados, se fortalecerán en un suelo de turba y perlita. Tenemos de esto en Rivera Garden, puedes estar tranquilo.

Hay que tener cuidado porque el clavel, aunque es resistente y aguanta bien las heladas, necesita un clima que oscile entre los 12 y los 24 grados. Para su cultivo intensivo, por supuesto, es necesario un invernadero.

Le atacan por lo general los pulgones, la roya y las orugas, así como nematodos y otras infecciones típicas del color, de la variedad y del tiempo. Se pinzan dos veces, una vez sembrados: si se pinza demasiado cerca del suelo, se obtendrán pocas flores pero de mucha calidad; si se pinzan demasiado altos los tallos, habrá más flores pero la flor será más endeble.

En la Edad Media, el clavel era usado incluso para obtener mejunjes y “medicamentos” pues se creía que poseía propiedades curativas. Es la flor de la pasión y de lo llamativo, un icono cultural muy potente. En Rivera Garden nos encanta, y por eso te hemos dado algunas pinceladas de una flor estrechamente relacionada con Chipiona y con muchas familias de nuestra localidad. Si quieres saber más sobre su cultivo y producción, ¡vente y te contamos!