Hay un tipo de planta que está ahora mismo viviendo un tiempo de expansión, tanto ornamental como comercial y cosmético, y que en Rivera Garden nos encantan. Os estamos hablando de todas aquellas que pertenecen a la familia de las suculentas. Hoy os queremos acercar una que podéis encontrar en nuestro vivero, y de la que nos apetece deciros algunas cosas: nos referimos a la Echeveria glauca

Origen

Esta familia de plantas, a la que pertenece nuestra protagonista de hoy, tienen un nombre, como se puede ver, exquisito. Y no es que, por la forma que por lo general tienen las hojas de este tipo de plantas, entren ganas de morderlas y por eso se llamen así. Aunque en latín suculentus significa “muy jugoso” y por lo tanto recuerda al sentido que le damos nosotros a la palabra, “apetitoso”, aquí suculentus hace referencia a la capacidad que distingue a este tipo de plantas de todas las demás: las reservas que hacen de agua mediante partes de sus organismos, llamados órganos reservantes, que consiguen almacenar cantidades extraordinarias de agua o rocío convirtiéndolo después en jugo del que pueden nutrirse.

Esta capacidad, que las distingue en el reino vegetal, también, paradójicamente, las vincula entre sí: las distintas variedades de la familia de las suculentas, también conocidas como “crasas”, no están unidas genéticamente entre sí, sino que han sido alineadas por la ciencia botánica al irse descubriendo, en distintas partes del mundo, plantas que compartían estos rasgos de supervivencia, pues todas las suculentas nacen y colonizan territorios del mismo tipo: desérticos, áridos, ásperos, de poca vegetación y donde el agua es un bien muy, muy escaso.

Son suculentas, por ejemplo, la planta del aloe vera, africana en origen, o el agave, americano. La echeveria glauca que hoy nos ocupa proviene de México, emparentada con más de 300 variedades de crasuláceas, una de las subfamilias de las suculentas, que se extienden desde el sur de los Estados Unidos hasta Colombia y Venezuela, en el continente americano, y en África, principalmente desde la zona ecuatorial hasta Sudáfrica. 

Características

La forma característica, fácilmente reconocible, de la echeveria glauca es su disposición en roseta o rosetón, de gran belleza plástica. Son plantas sin tallo, por supuesto, debido a las condiciones duras donde se reproducen. Tiene un aire geométricamente perfecto, como si fuera un mandala hindú. Sus hojas son carnosas, típicamente suculentas pues contienen el jugo almacenado por la planta. Miden en torno a los 10 centímetros de diámetro. Suelen ser de un verde azul, oscuro, muy atractivo, terminado en unos bordes rojizos. De la punta de sus hojas, de esos bordes, nacen las flores, que por lo general suelen ser de color rojo, intenso, o anaranjado, e incluso amarillo, y alcanzan los 20 o 30 centímetros, contando con sus tallos erectos.

En primavera, época de floración, aparecen sus tallos, de hasta 15 centímetros, que luego se convierten en bonitas flores rojas o anaranjadas. La primavera es también la época en la que conviene trasplantarlas si así lo deseamos.

Cuidados 

La echeveria glauca tiene unas hojas que son tan vistosas como delicadas y frágiles, así que hay que tener cuidado al manipularlas. Necesitan sol, mucho sol, pero con matices: en el exterior sí que puede darle el sol de forma directa, como en sus orígenes áridos y desérticos, pero no cuando la planta está en el interior de nuestro hogar. Es una flor ideal para el clima de Chipiona puesto que aguantan bien hasta los 6 grados. Cuando el termómetro baja de esa cifra conviene resguardarla.

Es una planta fácil de tratar. En su maceta, prefiere una tierra pobre y porosa, típico sustrato de cactus. La clave es una tierra que drene bien y que filtre el aire, y reciben bien el magnesio, que evita que se pudran sus raíces.

De marzo a septiembre podemos abonarlas con abono específico para cactus y suculentas, aunque por lo general no lo necesitan, o no demasiado. Si las fertilizamos, deberemos humedecer primero el sustrato.

Hablando de agua: no necesita mucha, y sobre todo no podemos mojar sus hojas. Hay que estar atento a que su sustrato se seque del todo, pero no pasa nada si un día se nos va la mano: al ser una planta del desierto, los chaparrones ocasionales y torrenciales formaban parte de su contexto ecológico, de modo que soportan bien algún exceso puntual de agua. Son, por regla general, resistentes, de ahí la clave de su éxito y expansión por todo el mundo en condiciones bastante duras de sol, ausencia de agua y de viento abrasador.

Las principales plagas o enfermedades suelen producirse cuando las ventilamos mal, cuando se nos queman por el frío en invierno, cuando está mucho tiempo a la sombra, cuando se nos encharca o cuando, al manipularla de manera agresiva o incorrecta, le producimos heridas a sus frágiles hojas que nos acarrean infecciones por hongos. Si ocurre que nos pasamos con el riego podemos tratarla de forma preventiva con productos específicos que podrás encontrar en Rivera Garden o de los cuales te podemos dar noticia. Esperamos que te hayan servido estas indicaciones para que te acerques a esta planta tan interesante y, sobre todo, al siempre fascinante mundo de las suculentas.